
El shock séptico se ha tornado un síndrome de presentación cada vez más frecuente en las unidades de cuidados intensivos. La falla hemodinámica es una de las manifestaciones más notorias del mismo, que generalmente asocia otras formas de disfunción orgánica. Esta falla multiorganica suele ser de grado severo y progresivo, determinando, en muchas ocasiones, la muerte del paciente. La mortalidad por shock séptico es superior al 60% y ha mejorado muy poco a pesar del gran avance en las técnicas de soporte vital.
El aumento reportado en la incidencia del shock séptico se puede atribuir a varios factores: mayor número de pacientes inmunodeprimidos, aumento de procedimientos diagnósticos invasivos, prolongación de la expectativa de vida y mayor resistencia de los microorganismos a los antibióticos. Además, algunos pacientes contraen la entidad en las unidades de cuidados intensivos como consecuencia de medidas de monitoreo o tratamientos realizados en los mismos. Sin embargo, se ha señalado una ligera tendencia hacia la mejora de la mortalidad del síndrome, que esta ligado probablemente a avances en un conjunto de pautas de manejo general del paciente crítico.


