El tejido linfoide representa el sitio anatómico principal que mantiene y propaga la infección. Muchos estudios se han enfocado en las células mononucleares de la sangre periférica que representan menos del 3% del capital linfático del organismo; destacamos que esto no refleja con exactitud la severidad y el curso evolutivo de la enfermedad. El uso de técnicas de biología molecular para detectar la presencia del ADN (marcador de infección latente) o del ARN viral (indicador de replicación activa) en los tejidos linfoides secundarios, han demostrado la existencia descarga viral con niveles de replicación cinco a diez veces mayores que los observados en los linfocitos de sangre periférica.
Hoy está demostrado el rol de los órganos linfoides secundarios (ganglios linfáticos, amígdalas, bazo) como reservorios activos del VIH en la evolución de la enfermedad. En los períodos iniciales y asintomático, las partículas virales libres o formando inmunocomplejos, se acumulan en la superficie externa de las prolongaciones de las células dendríticas foliculares (CDF) de los centros germinales de los ganglios linfáticos.
Normalmente las CDF poseen ramificaciones en su membrana plasmática que configuran una red interdigital, la cual participa en las respuestas inmunitarias con filtro de antígenos o de microorganismos.



