Los problemas de salud que causan mayor morbimortalidad vienen determinados, en gran medida, por el nivel de desarrollo económico. Para la mayoría de los países del mundo, muchos problemas de salud ya superados en Occidente siguen causando verdaderos estragos (infecciones, desnutrición, mortalidad infantil por falta de recursos básicos, etc.). En los países occidentales desarrollados, una vez controladas estas enfermedades (algunas desde hace pocos decenios), en gran medida debido a la mejora de las condiciones de higiene y al progreso socioeconómico, se plantea la prevención de aquellas que han pasado a ocupar los primeros puestos entre las causas de mortalidad y morbilidad; se trata con gran frecuencia de afecciones crónicas que causan mortalidad precoz.
Las más relevantes en nuestro medio son las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, sin olvidar las enfermedades infecciosas, pulmonares, hepáticas, etc. La mayoría de los factores de riesgo asociados a estos trastornos se relacionan con hábitos culturales aprendidos (tabaco, dieta, etc.) y, por lo tanto, modificables. Es evidente que las prioridades en prevención deben tener en cuenta el contexto concreto en el que se desarrollan, los recursos disponibles y el uso más adecuado que de éstos se hace.



